miércoles, 14 de abril de 2010

... como si viera a Dios sin verlo

Cierra los ojos. Todo oscuro. Silencio. Un sordo sonido hueco. Explota un sentimiento y se hace la luz y el escenario a un tiempo. De frente y desde mi asiento, presiento un aliento, asiento al destello ciego abriendo los ojos con fé y como si viera a Dios sin verlo algo se mueve dentro, bailan las emociones en la verbena del tiempo.

¡Que nos hacemos mayores! dicen los agoreros... pero hoy me siento tan joven y sopla un aire tan fresco... tan niña, tan nueva, con tanta ilusión en mi cuerpo que podría pasar otra vez todos los malos momentos, sobrevivir a los trágicos encuentros y desencuentros, que reviviría la vida para volver a sentir lo que siento. Desde la butaca disfruto y por fin la vida es sueño. He encontrado el sentido donde lo perdí hace tiempo y el corazón se me mueve, sin más muros, latiendo... He llorado, he reído, he sentido en un momento... Y ahora no hay más opción, no me queda más remedio que levantarme despacio y segura de este asiento, mirar al frente a ese foco, a esa luz en el silencio y aplaudir a la vida, a su trama y argumento.

Lejos de ser el final, hoy empieza la función... hoy la vida es para mí mi mejor actuación, no sé qué obtendré al fin, si orgullo o decepción pero hoy piso las tablas con más fuerza, con valor. Hoy se encendió la luz y sólo con ver desde esta ciega visión, sentir que aún hay algo dentro, nuevas vidas, sueños nuevos y por fin alzar el telón, ya conseguí dar el paso de dejar atrás los fracasos y rendirme a la ovación :)

(A Emmita, que siempre me recordará que a veces las cosas salen bien. Ovación de ovaciones de la vida y a la vida)

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